Si una pieza metálica conserva impresiones paralelas, pueden vincularlas a un tornillo de banco por el mismo paso del dentado. En este supuesto la pieza no se ha trabajado desde su hallazgo, pero las mordazas son intercambiables y deben verificarse por separado su sustitución y el estado del juego anterior.
Una fotografía ampliada puede no mostrar qué zonas de filos se cotejaron. Se revisan ambas impresiones, condiciones experimentales y explicación de diferencias relevantes, además de coincidencias del relieve alegadas.
Elementos similares en suelo húmedo pueden tratarse como una huella aunque pasaran ruedas distintas. Se examinan superposiciones y neumático aportado, separando dibujo, deformación del terreno, deslizamiento y paso posterior.
Una marca impresa del ancho de un destornillador no basta para establecer su origen. El examen valora su aptitud y contrasta la herramienta aportada, considerando superficie, cambios del filo y conservación.
Daños en el embalaje y el cierre: separar las huellas de contacto
Supongamos que, tras el transporte, se detectan una abolladura en un contenedor y una marca en su cierre. Una parte atribuye ambos daños a un golpe y otra propone una acción distinta al abrirlo.
La fotografía conserva solo un fragmento de la huella de una suela
Si en un embalaje u otra superficie aparece un pequeño fragmento de huella y se aporta calzado para compararlo, un dibujo parecido no identifica todavía un par concreto. Primero hay que comprobar qué zonas quedaron realmente reproducidas y si se conserva la huella original. Una fotografía sin escala conocida puede mostrar el dibujo general, pero limitar la comparación de dimensiones.